
Encontré una vez a un hombre
que siempre venía de parte de alguien.
Usaba zapatos negros y brillantes
con la punta acabada en punta,
y se sabía con seguridad
que era la persona que mejor se colocaba la bufanda
en el mundo entero…
de todas las partes del mundo
venían las bufandas a ser colocadas,
allá donde él se encontrara.
Rebujaba al entrar en lugares cerrados
algún tipo de gorro entre sus manos.
Hubiera dicho por su redondez general,
su pose, su tono y su paso,
que se dedicaba a la venta
de jarabes contra la gravedad...
Tenía más que un aire a Humty Dumpty
y en su solícito equilibrio existía
cierta bondad.